El objeto robado, Juan Antonio Ramírez.

"Es mi propósito añadir un nuevo astro a la constelación de objetos poéticos creada por el surrealismo. Junto al objeto encontrado, el de funcionamiento simbólico o el que sale a nuestro paso en los sueños -y tantos otros- quiero situar también al objeto robado."

"Como es lógico las tiendas y centros comerciales serán el entorno natural para esta práctica poética, evidentemente por la cantidad de objetos expuestos ante nosotros, muchos de ellos absurdos y pueriles, tan dados éstos a posibles relaciones imprevistas. En cierta manera, deambular con el propósito que nos ocupa por un lugar como este, ya sea solos o en grupo, se tornará irremisiblemente en deriva. De esta manera haremos de un espacio esencialmente antipoético un espacio para el hallazgo y lo maravilloso, hasta el punto de que el normal discurrir por el centro comercial o unos grandes almacenes perderá de pronto su carácter hipnótico y mecanizado para convertirse en una verdadera aventura, ya pueda ser en la sección de ropa interior femenina como en la de jardinería. De esta forma, dejamos de ser compradores pasivos y sumisos, para convertirnos en cazadores participantes de un peculiar safari: sortearemos las puertas con nuestro trofeo oculto en los bolsillos, el objeto que vamos a liberar, con una emoción absolutamente novedosa."

"Una vez perpetrada la acción lo que decidirá finalmente cuánta carga poética recibirá nuestro objeto robado se haya en lo que hagamos con él. Cada objeto robado nos reclamará una forma de ser definitivamente liberado, por lo cual deberemos estar muy atentos a lo que nos diga. En este proceso se verá si desaparecerá para siempre en algún acto ritual o si reaparecerá a la vida colectiva totalmente transmutado. Respecto a la primera opción, puede que sintamos la necesidad de inventar alguna forma de purificar nuestro objeto devolviéndolo al magma caótico de lo real, como sucedería si lo quemáramos en mitad de la noche, imaginando que de alguna manera sus elementos se reincorporarán algún día en lo real. Sea como fuere, la imagen de una sillita para niños ardiendo en medio de un solar abandonado siempre es fascinante. De la misma manera, podríamos querer enterrarlo o lanzarlo al mar, como queriendo devolverlo a la madre tierra en un acto desesperado. Estas, como tantas otras maneras son formas de liberar un objeto que nunca pasarían a conocimiento de nadie, y a la gratuidad de su elección sumaremos el absurdo de su desaparición, algo que sólo presenciaremos nosotros, pero que nos dará la oportunidad de forzar una quiebra en la realidad consensuada y oficial que conocemos. En cambio, también tendremos la oportunidad de implicar a otros en nuestra acción, aunque quizás sin su voluntad y conocimiento. Entre otras cosas podríamos dejar nuestro objeto liberado en medio de la calle o algún lugar público, puede que incluso con algún cartel ofreciéndolo al primero que lo coja, y observar qué pasa. La extrañeza que produciría encontrarse con un producto nuevo y reluciente abandonado en plena calle, evidentemente con toda deliberación, puede que incluso muy valioso según los cánones de mercado, pueda resultar lo suficientemente perturbador. Es posible que, en principio, nadie se atreviera a tocarlo siquiera, pero tarde o temprano surgiría la idea de apropiarse de él. El placer de ver a la gente trastocada de esta manera, disimulando su asombro y en la tesitura de sentirse tentada por tomar algo que no es suyo me resulta irresistible. También, siendo ya más radicales, podríamos ofrecerlo a la primera persona con que nos cruzáramos o dejarlo en una puerta, como si fuera un niño abandonado. En cualquiera de los casos es imaginable la turbación que podría sentir alguien que es obsequiado de esa manera por un desconocido. No obstante, no debería tomarse nuestro comportamiento como motivado por un cierto sentido justiciero a lo Robin Hood, ni mucho menos, se trata de algo más egoísta y perverso: el de extender nuestras fechorías, implicando a los demás sin su consentimiento. Solo nosotros seremos los testigos de todo el proceso y conoceremos todo su sentido, los demás solo serán, en este caso, agentes del azar."

Juan Antonio Ramirez

Solo son fragmentos, el articulo completo aquí: http://www.gruposurrealistademadrid.org/antonio-ramirez-el-objeto-robado

2 comentarios:

Yuri dijo...

"..purificar nuestro objeto devolviéndolo al magma caótico de lo real, como sucedería si lo quemáramos en mitad de la noche, imaginando que de alguna manera sus elementos se reincorporarán algún día en lo real. Sea como fuere, la imagen de una sillita para niños ardiendo en medio de un solar abandonado siempre es fascinante..." Me encanta esta parte.
adios Profesor,historiador, artista, crítico, y visionario de lo diferente en un mundo de repetición y caos...

Pandora dijo...

Que manera tan maravillosa de hablar de algo tan bobo como robar un objeto en un centro comercial. Esta claro que este hombre podía insultarte y tu pensar que te estaba elogiando por lo bien que lo hacía XDXD

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